La megainstalación busca aspirar millones de toneladas de CO₂ directamente de la atmósfera, reabriendo el debate sobre si la tecnología avanzada salvará las metas de descarbonización o solo pospondrá la transición energética urgente. ¿Se están logrando los objetivos? En un momento de creciente escepticismo sobre la capacidad del continente para alcanzar sus compromisos medioambientales, Europa ha dado un golpe sobre la mesa con la inauguración de su mayor infraestructura de captura y almacenamiento directo de carbono. Esta macroplanta nace con la promesa de retirar emisiones industriales a gran escala, convirtiéndose en el proyecto de ingeniería climática más ambicioso del territorio hasta la fecha. El despliegue de esta tecnología llega justo cuando los informes científicos advierten sobre la lentitud de los acuerdos internacionales y el estancamiento en la reducción de gases de efecto invernadero. Frente al cansancio político y social, la apuesta por gigantescos sistemas de filtrado de CO₂ se presenta como una última línea de defensa para contener el aumento global de las temperaturas sin paralizar el tejido productivo. Sin embargo, el proyecto no está exento de controversia entre analistas e investigadores. Mientras sus impulsores defienden que es un paso imprescindible para alcanzar la neutralidad en sectores difíciles de descarbonizar, diversos expertos advierten del riesgo de ver estas macroinstalaciones como un “cheque en blanco” para alargar la dependencia de los combustibles fósiles. La batalla clave en los próximos años no será solo tecnológica, sino económica e industrial. #europa #medioambiente #clima @enewsok